El frío se aferraba a mi piel como un manto invisible, congelándome desde adentro. Mis manos, completamente heladas y temblorosas, apenas respondían a mi voluntad. Pero lo peor no era el frío… era el miedo.
Nunca antes había sentido algo así.
Nunca antes Jacobo me había tocado de esa manera, con esa intensidad que aún quemaba mi piel como un eco persistente. Mi corazón latía desbocado, mis pensamientos eran un torbellino de emociones que no lograba ordenar.
Tenía que salir de ahí.
Tenía que lle