Nos sentamos en una de las mesas más alejadas del restaurante, en un rincón discreto donde las luces eran más tenues y el murmullo del lugar parecía lejano. Agradecí la distancia, el espacio que nos permitía permanecer en esa burbuja de calma forzada.
Mi compañero me observó de reojo, con la curiosidad contenida de alguien que sabe que hay más en la historia de lo que parece. Pero no preguntó. No insistió.
Yo tampoco quería hablar.
El silencio entre nosotros no era incómodo, pero sí denso. Un p