Paula
Justo en eso suena el timbre y mi madre grita que está bañando al niño, así que me toca ir a atender la puerta. Al abrir, un cuerpo se me lanzó encima, haciendo que casi pierda por completo el equilibrio al punto de caernos al piso.
—¡Paula!
—¡Alana, por Dios! Casi me matas mujer.
—Lo siento, te extrañé mucho, mal amiga.
Me reí y la hice soltarme, para cerrar la puerta e ir a sentarnos.
—Perdona, Alana, no debí haber manejado las cosas de esa manera. Pero si te soy sincera, me asuste, no q