Lucas
En nuestra habitación:
Llegamos a casa, todo estaba oscuro, así que pasamos sin detenernos hasta nuestra habitación. La sonrisa no se va de mi cara porque sé que se va a sorprender y no me equivoque. Cuando entramos hay velas encendidas y huele delicioso el ambiente. Ella se vira con las manos en el rostro.
—¡Oh, por Dios! Has usado mis velas para esto.
Asiento y rodeo su cintura para acercarla a mí.
—Me encanta el olor, es adictivo, como tú.
—¿Qué dije del dulce?
Me carcajeo y la hago ava