Mientras caminaba por el patio de la gran casa, no paraba de pensar en lo que había hecho. Aquel acto impulsivo le había costado a Lena la vergüenza, ella jamás había sido así de impulsiva, siempre meditaba cada uno de sus pasos para que no se presentaran errores, y ahora había besado por voluntad propia a su esposo por contrato.
¿En serio escribí esto por lo que pase? fue lo que pensó cuando salió de aquella casa como alma que lleva el diablo.
— Eres una idiota Lena. — Se dijo así misma. —