Capítulo 6. Cascada de rizos
—¿Mala noche? ¿Te duele la herida? —preguntó Emilia cuando Stella apareció en el taller. Su rostro lucía pálido y cansado. Haciendo que las ojeras fuesen marcadas.
—La herida ya está mejor —susurró.
—Entonces, ¿qué pasó para tener esa cara?
—Es la única que tengo, Emilia.
La muchacha resopló.
—Eso lo sé, me refiero a ese semblante triste y pálido. No pareces ser tú, ni siquiera cuando estabas enferma lucías así —le hizo ver.
Stella suspiró.
—¿Me creerías si te digo que no sé la razón? —preguntó