Esperanza, nunca he necesitado de ella, no hasta que la conocí y descubrí aquel extraño sentimiento que me hacía débil. Mis acciones, mis movimientos, todo de mí y lo que se movía a mi alrededor siempre estaba fríamente calculado, pero no ahora.
Si alguien en el pasado me hubiese dicho que Greco Morelli, el diavolo italiano, estaría en una maldita capilla de hospital pidiendo por la vida del amor de su vida, no solo me hubiese reído en su cara, también lo habría internado en un psiquiatra, o as