─Te agradezco que vinieras, pero no puedo volver. No aún. ─mencioné mirando al hombre frente a mí que se encontraba con una expresión sorprendida y burlesca al mismo tiempo, cómo si no creyese mis palabras.
─Tienes que volver, Greco. No era una pregunta. Volverás. ─mencionó Leandro, ahora mirándome seriamente─. Esto no es un puto juego, ella te necesita.
¿Qué? ¿Qué le pasaba realmente a Alexandra?
─Dime, ¿Qué sucedió? ¡Dímelo de una puta vez! ─grité mientras lo tomaba del cuello─. ¿No te has en