Desperté abruptamente y me senté en la cama, mi respiración era agitada, casi inhumana, mi frente y cuerpo se encontraban empapados en sudor y sentí mi cuerpo temblar por los espasmos, por el miedo de aquella vivida pesadilla.
─Nuestros fantasmas nunca nos abandonan. ─susurré para mí, después de todo, seguía solo.
Ahora más que nunca debía resistir mi soledad, todo lo que alguna vez enterré bajo llave y resguardé bajo mil murallas de concreto en mi interior estaba aflorando, debía ser lo sufici