CAPÍTULO 99
Era viernes por la noche. Sebastián cerraba su maletín de cuero en el despacho del piso veinte, sintiendo una paz inédita. Su intención era conducir de regreso al edificio, pedir comida tailandesa y pasar el resto de la noche trabajando.
Sin embargo, antes de que pudiera cruzar el umbral de su oficina, las puertas de la recepción se abrieron de par en par.
— ¡Así que el gran Sebastian de la Torre finalmente se derritió por completo! —exclamó una voz rebosante de júbilo y burla.
Gabr