CAPÍTULO 97
Cuando finalmente aparcó en el garaje subterráneo de su edificio residencial, el reloj del salpicadero marcaba pasadas las dos de la madrugada.
Al abrir la puerta del departamento 7B, la pantalla de su teléfono móvil se iluminó. Era ella.
Catarina: [Mi madre acaba de aceptar. Te veo el lunes, abogado.]
Sebastián leyó el mensaje tres veces. Una sonrisa genuina, desarmante y cargada de una devoción absoluta, se dibujó en su rostro. Aquellas palabras eran la confirmación de que el ter