10

— ¡Lamento que él estuviera aquí! Digo, no pensé que tú y él...

—Descuida. Estoy bien. Me sentí bien está mañana. Al menos ya le dije sus cosas.

Él volvió a reír.

— ¿Segura que no te hizo daño?

—Por supuesto. ¿Por qué me haría daño? Aparentemente no tengo nada que él pueda hacerme o quitarme.

Seguíamos caminando por el muelle. Eran como las seis de la tarde.

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