Rosalin se dedicó ese día a limpiar y ordenar un poco, mientras que los tortolos se fueron al patio trasero a jugar con el pequeño Noah. Rosalin los miraba con una sonrisa. Realmente, se alegraba por ellos. Al terminar de limpiar, se dispuso a la tarea de hornear algunos pastelitos, cuando escuchó que llegó el señor Duncan en su auto y luego apareció en la puerta de la entrada.
-¡Hola! – Le dijo Rosalin levantando la mirada de la tarea que estaba realizando –
-¡Hola! – Respondió serio el señor