-¿Qué? – Dijo Rosalin despertándose asustada –
-¿A qué estás jugando Evelin? – Preguntó el señor Duncan –
-Yo no estoy jugando a nada. No entiendo a qué se refiere usted – Dijo Rosalin –
-¿Qué hacías esta tarde con el doctor? – Preguntó el señor Duncan –
-Nos invitó a mí y a las niñas a la pastelería – Dijo Rosalin –
-¿A ti te gusta él? – Preguntó el señor Duncan –
-¡Oh por Dios! ¿Qué clase de pregunta es esa? – Dijo Rosalin – Y miró directamente al Señor Duncan sentado a su lado en la cama, en