Vanessa salió hecha un torbellino de la oficina de Dante, con el corazón hecho añicos y lágrimas ardientes surcando sus mejillas, poco le importó las miradas burlescas que le dirigían sus compañeras de oficina.
Atravesó el lobby del lugar para dirigirse hacia la salida, una intensa sensación de ahogo y opresión se había instalado dentro de su pecho.
Corrió hacia su auto, las manos temblando mientras buscaba frenéticamente las llaves. Arrancó con un chirrido de neumáticos y condujo a ciegas por