Ernesto
Tocaron a la puerta de la próxima clínica odontológica. Debía de quedar lista para finales de la otra semana, tal vez antes. Por quedarme encerrado, dedicado a darle mi toque personal, no se inauguró antes. No logré estar presente en su construcción. Si Dios lo permite, diez colegas estarán trabajando conmigo.
Tenía hambre, mamá dijo que me traerá el almuerzo, debe ser ella… —No me pongas esta prueba, Señor—. El viento ondeó su cabello, con esa sonrisa de inocencia. Se veía preciosa la