Eugenia María
Por un lado, sentía alegría al saber de esa posibilidad de convertirme en tía, aunque una parte se entristeciera un poco al no tener… a mi hijo. Pero debía salir adelante, como me había dicho la psicóloga. Mientras caminábamos en dirección al consultorio de Benjamín, por una orden de laboratorio con la intención de tener los resultados más rápidos. Vi a Rubí sonreír y negar ante lo que leía en su celular.
—Tu hermano, cuando quiere ser un príncipe, lo logra. —Sus ojos brillaban.
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