Una fiebre hace que tenga una noche inquieta y aunque me cuesta levantarme de la cama de la enfermería, me apresuro a vestirme con uno de los vestidos casuales que la doncella me trajo.
Si me llaman para ejecutarme no me verán en camisón de enferma al menos. Paso la mañana sin poder comer, sin poder moverme y doy un respingo cada vez que alguien entra en la enfermería porque creo que vienen por mí.
—¿Se admiten visitas? —pregunta Luka al medio día, asomando medio cuerpo por la puerta.
—Por supue