Un ruido fuerte y agudo estalló por el pasillo y resonó en la sala de espera. Todos los que estaban dentro se pusieron de pie. El corazón les latía con fuerza contra el pecho.
—¡Abuelo!
El grito volvió a resonar.
Era Wyatt. Sonaba fuerte, aterrado y desesperado.
Gabriel y Landon echaron a correr primero, hacia la habitación privada de Alfred. El pasillo parecía demasiado largo, como si las paredes se separaran más con cada paso. Cuando empujaron la puerta para abrirla, se quedaron sin aliento.
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