Amaranta fue a su habitación, fue al baño, y bajo la lluvia artificial cerró los ojos, venía a su mente las palabras de Salvatore, sentía su corazón estrujar se, también recordó las palabras de el enmascarado y sentía su piel erizarse.
Ese juego de seducción se le salió de las manos, no podía estar con ese hombre pues no sabía quién era y esperaba un hijo de él, no podía estar con Salvatore, por esa misma razón, el bebé en camino.
— Dios, que locura, que locura hice.
Amaranta se maldecía mental