Umara:
Debo parecer un pez que han sacado del agua con anzuelos, por qué mis ojos están grandes como platos y mi boca abierta a más no poder.
La mujer de la trenza ríe y prosigue su camino dejándose caer en un diván y aceptando un racimo de uvas de una de las doncellas del servicio.
Burya se acerca a mí y poniendo los ojos en blanco toma una de mis manos.
— Tranquila, pronto te acostumbrarás a las excentricidades de Sarab.
— ¿Excentricidades, en serio rusa?- dice la gemela peliblanca.
— No sé.