El pabellón:

¡Este sí es un jardín! Contemplo pletórica de felicidad el fresco verdor que se extiende ante mis ojos hasta donde alcanza mi vista . Aquí y allí florecen las más extrañas plantas. Aromas exóticos llenan el aire, la brisa hace mecer las cargadas palmeras y cocoteros. Al menos cincuenta fuentes vierten agua cristalina . A un lado y otro descubro aves coloridas enjauladas o animalitos que corretean libres por entre las flores. Posadas en las ramas de los árboles observo palomas de diferentes clases.

No logro salir de mi mudo asombro. Me postro sobre mi rostro y beso la tierra, mientras elevó una oración de agradecimiento al Magnánime. Este lugar debe ser la réplica terrenal del Gran Oasis Celestial.

— Ven, deja tus rezos para luego. Es hora de presentarte a los demás soles.- Me apura Lady Citié. Hoy parece impaciente y malhumorada.

Me pongo en pie y la sigo, caminando sobre el paseo de granito que serpentea entre las flores y fuentes y jaulas … Los zapatos de madera de Citié producen un
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