Pasado

Capítulo 29

La rodeé con mis brazos con un enorme deseo de no soltarla jamás, me aferré a su delicado cuerpo volviendo a la vida, porque en definitiva yo estuve muerto esas horas que ella había desaparecido.

—Berenice —volví a susurrar su nombre y con ambas manos sujeté su rostro lleno de lágrimas para contemplar esos ojos grises que me trasladaban a otro universo.

—Aquí estoy Max —murmuró volviendo a apoyar su cabeza en mi pecho, besé su coronilla y en ese instante, su madre nos interrumpió.
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