Mis ojos pesaban y mi cuerpo dolía demasiado, tanto que cuando intente moverme no pude evitar dar un gemido lleno de dolor y maldecir una y otra vez, pues la verdad que odio tener dolores, o tener siquiera un pequeño rasguño, soy alguien cobarde, no lo niego, una vez fui a una fiesta en la playa, allí caí contra una pelota inflada y no sé cómo llegue a cortarme la mejilla, el caso es que termine hecha un desastre, tanto que maldije una y otra vez, mientras Karel no hacía más que reír por el hec