Duque su majestad… Por favor, por favor por lo más sagrado tenga piedad de mí, por lo más sagrado…—observaba al hombre como si no fuese más que basura, mientras tenía mi espada de lado y me mostraba como el hombre ruin y macabro que era, mientras me preparaba para poder al fin darle su merecido.
—¿Por qué debería tener piedad por ti? ¿Tienes idea de lo que hiciste? ¿Quién te has creído en alabar a un miembro del templo? ¿Quién te has creído al comparar a mi preciosa y sublime esposa con esa mal