XXVII. Una inesperada bendición
Punto de vista de la Secretaria Monroe:
- ¿Cómo va todo por allá atrás?- escucho la voz de mi amiga Alicia que me saca de mis cavilaciones.
- Todo bien, Mateo se quedó dormido- le digo, mirándolo con ternura y acariciando su suave cabello castaño riso.
- Perfecto, ya estamos a menos de media hora de Johns Hopkins Hospital- anuncia y suspiro, pensando con temor, en todas las cosas a las que se va a someter este pobre angelito en unos días.
Mateo es lo único que me queda de familia, es mi sobrin