—¡Ah!
Luna dio un pequeño grito de sorpresa, dejando caer su celular al suelo.
Cuando se dio cuenta de que era yo, al instante su rostro se iluminó con una mezcla de alegría y asombro. —¿De dónde has salido tú?
Sonreí mientras deslizaba con deseo mi mano por debajo de la manta y jugueteaba con su pecho.
—Tú misma me diste la llave de tu casa, así que entré en silencio.
—Eres un verdadero pillo, pensé que como no me contestabas, no querías venir.
Me deslicé sigiloso bajo las sábanas a su lado, ro