Capítulo54
Con un tono ligeramente molesto, le dije: —Luna, fuiste tú quien me preguntó primero, y ahora me dices esto.

Luna, con el rostro avergonzado, respondió apenada: —Tienes razón, me equivoqué. No debí decir eso, Óscar. No te enojes conmigo, ¿sí?

Me sorprendió muchísimo que Luna intentara calmarme, lo cual me hizo sentir halagado.

De inmediato sonreí y dije: —Nunca podría enojarme contigo, Luna.

—Eres muy dulce, Óscar.

—Óscar, ¿podrías traerme una manta, por favor?

—Claro, con gusto.

Me dirigí al ar
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