—A ti no te da vergüenza, pero Óscar sí la siente —dijo mi cuñada con tono firme.
—Bah, a mí eso no me importa en lo absoluto. Al fin y al cabo, no conozco a esas personas y no me afecta en nada lo que piensen —respondió Paula, mostrando su habitual despreocupación por todo, siempre directa, sin filtro alguno, diciendo y haciendo lo que se le pasaba por la cabeza sin un ápice de reserva.
No sabía si reírme en ese momento o ponerme a llorar.
—Bueno, Paula, cuñada, ¿han venido a visitarme o a disc