—Si necesitas algo más, no dudes en decirlo,— dijo la señora Elara, sonriéndome con un gesto misterioso en su rostro.
Eso me hizo pensar. ¿Qué querría decirme con eso? ¿Estaba insinuando algo?
Tal vez no.
La señora Elara era una mujer de alta sociedad, una dama aristocrática, ¿cómo podría fijarse simplemente en alguien tan común como yo?
¿Será que estoy siendo demasiado egocéntrico?
Aun así, me sentí algo incómodo y avergonzado por la situación.
—Está bien, lo sé,— respondí distraídamente.
De re