No sabía si estaba siendo exagerado o si era solo una preocupación infundada, pero lo que sí sabía con certeza es que no podía permitir que esa situación se hiciera realidad.
Había prometido que protegería a mi cuñada, y aunque no pudiéramos tener un futuro juntos, cumpliría a cabalidad con mi palabra.
Después de reflexionar por un momento, tomé una firme decisión: debía contarle a mi cuñada sobre el celular de repuesto de Raúl y su verdadera cara.
Al menos, quería darle una advertencia para que