No estaba seguro, pero tampoco podía estar tranquilo por completo.
Me quedé en silencio, fumando, sin decir una sola palabra.
Raúl encendió otro cigarro y, con una sonrisa burlona, me lanzó la pregunta que me ponía los nervios de punta: —Ya que sabes todo sobre mí, ¿qué pasa contigo? Sé sincero, ¿estás detrás de mi esposa? ¿No es así?
—¿Cómo?— Giré sorprendido la cabeza, evitándole la mirada. Sentía una fuerte punzada de culpabilidad, temía que Raúl se diera cuenta de algo.
Raúl sonrió: —¿Qué? ¿