—¿De verdad viniste hasta aquí solo para jugar conmigo? No pude evitar preguntarme cómo era posible algo así.
Viviana me respondió con una sonrisa traviesa: —¿No puedo?
En ese momento, desde afuera, se escuchó una voz muy encantadora.
Viviana reaccionó rápidamente, respondiendo con calma: —¡Aquí estoy!
Al cabo de un rato, vi a una mujer que entraba, vistiendo un vestido largo blanco de flores.
El estilo era muy similar al de Viviana, pero este vestido le quedaba mucho mejor a la mujer que acabab