Sabía perfectamente que aquellas mujeres de limpieza estaban molestas porque las había llamado a esa hora para limpiar la habitación.
Para no incomodarme más ni a ellas ni a mí mismo, decidí salir. Pensé que lo mejor sería ir a cenar algo y regresar más tarde, cuando ellas ya se hubieran ido. Así me ahorraría el mal rato de seguir viendo sus caras de disgusto.
No suelo hospedarme en hoteles. De hecho, aparte de aquella vez que fui con María a un hotel, esta era la única ocasión que lo veía.
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