—Ven a mi casa, esta noche puedes quedarte conmigo —dijo Paula con un tono que no dejaba lugar a dudas.
La invitación me tomó por sorpresa. ¿Ir a su casa a estas horas? ¿Estaba insinuando algo más?
Queriendo confirmar mis sospechas, pregunté con precaución:
—Paula, ¿y tu marido? Si voy a tu casa, ¿no pensará mal?
Con un tono de voz llena de insinuaciones, respondió:
—Mi esposo está fuera de la ciudad. Fue a un pueblo cercano por trabajo y no regresará en un par de días.
No podía ser más clara. M