Viviana se acercó de repente a mí, fijando sus grandes ojos directamente en los míos.
Un ligero aroma embriagador emanaba de ella, y su piel blanca y suave parecía ser casi irreal. Sus labios, de un rojo intenso como llamas, capturaban al instante toda mi atención.
No pude evitar que mi mente comenzara a divagar.
Antes de que pudiera reaccionar, Viviana pasó coqueta sus brazos alrededor de mi cuello, acercándose aún más.
La suavidad de su cuerpo y la fragancia que desprendía me envolvieron por c