Raúl estaba realmente nervioso, completamente perdido. No sabía qué hacer en lo absoluto.
Alaia le dio un suave beso en la mejilla y, sonriendo, le preguntó: —¿Te sientes un poco mejor ahora?
—Sí, un poco mejor.
—Entonces, ¿por qué no vamos a la cama?
Raúl mantenía el cuerpo rígido.
Alaia notó de inmediato la tensión en él, así que dijo: —¿Qué tal si mejor vamos al baño? Es un espacio más cerrado, así no tendrás que sentirte tan tímido ni tan nervioso. ¿Qué te parece?
Raúl echó un vistazo hacia