La estrategia de mi cuñada fue en verdad impresionante; en un instante, logró transferir toda la dificultad a Raúl.
Raúl, sonriendo con cierto descaro, dijo: —Yo tampoco he hecho nada que te traicione, solo que de repente siento que eres demasiado buena conmigo.
Pero mi cuñada no le creyó ni una sola palabra a Raúl.
Los hombres no son generosos sin motivo, ni se sienten culpables sin razón alguna.
Quizás, él había hecho algo que lo hacía sentirse culpable, y por eso ahora estaba actuando de esa