Un vals repentino comenzó a sonar. Y Helena tardó mucho en creer. El apuesto hombre en el edificio de al lado estaba justo en frente de ella, en carne y hueso… más carne que hueso, por supuesto.
Cuando ella trató de decir algo, él se llevó uno de sus dedos a los labios, como pidiendo silencio, y le tendió la mano. Quería bailar con ella. Aceptó la invitación a bailar como en trance. La acercó a su cuerpo y la abrazó por la cintura y empezaron a bailar.
No podía apartar los ojos de él. Estaba m