POV. Adrian
El silencio en mi despacho era una entidad viviente. Se movía entre los libros encuadernados en cuero, se deslizaba bajo el pesado escritorio de roble y se alojaba en mis hombros como un manto de plomo. Cada tic del reloj de pared era un martillazo en mis sienes, una cuenta atrás hacia un momento que temía y anhelaba por igual. Estaba de pie, frente a la ventana, pero no veía los jardines oscuros ni las estrellas que parpadeaban con indiferencia. Solo veía los fragmentos de mi vida,