La tarde se arrastró con la misma lentitud excruciating. Intenté trabajar, intenté centrarme en correos y contratos y cualquier cosa que no fuera la mujer sentada a nueve metros de mí.
No funcionó.
A las 5:30 oí que apagaba el ordenador. Oí que recogía sus cosas. Oí que se dirigía al ascensor sin