Pero sosteniendo a esta niña, sintiendo cómo confiaba en mí, buscaba consuelo de un extraño, sentí algo que no esperaba.
Quería quedármela, protegerla de cada palabra cruel y niño malo y cosa mala que pudiera pasarle, y cazar a esos niños y darles la nalgada que merecían por hacer llorar a un ángel