—¿Qué quieres, madre?
No pude escuchar la respuesta de Vivienne, pero observé cómo el rostro de Rafael pasaba por sospecha, ira y resignación.
—Está bien. Una hora. Mi oficina. Lunes a las dos. —Colgó sin despedirse.
—¿Qué quería? —pregunté, intentando mantener la voz calmada aunque mi corazón