—Lo siento —dijo Rafael de repente, con la voz apenas un susurro—. Por todo. Sé que lo siento no arregla nada, pero… necesito que sepas que lo siento.
Se me cerró la garganta.
—Lo sé.
—¿De verdad? —Sus ojos grises buscaron los míos—. Porque te torturé durante meses, Teresa. Destruí tu vida siste