PUNTO DE VISTA DE TERESA
—No es…
—Está bien —me interrumpió, pero con suavidad—. Yo me encargo. Siempre lo hago.
Pero no parecía que se estuviera encargando. Parecía exhausto, abrumado, como si el peso del mundo le estuviera aplastando los hombros.
Y yo no sabía si tenía derecho a consolarlo.
*