—Clara habló fríamente. Con su orden, Rafael, que había estado ansioso por actuar, hizo señas a sus subordinados para que se prepararan para expulsar a la gente.
—¡Espera!— el señor Bravo exclamó con desagrado. —Christian es un amigo que he invitado. ¡Voy a ver quién se atreve a faltarle al respeto!
—El señor Bravo, tú...— Clara se quedó fría, antes de que pudiera decir algo, se escuchó un alboroto desde el otro lado y un grupo de personas se acercó.
—¡Valenciano ha llegado!— Al instante, todas