—¡Bien, Luis, puedes levantarte ahora!— dijo Christian fríamente.
—Por cierto, te daré un consejo: ¡quien hace el mal, recibe su merecido!— continuó Christian.
—Esta vez, por la familia Rivas, te dejaré ir.— advirtió Christian. —Pero déjame ser claro desde el principio: si vuelvo a encontrarte abusando de los débiles o aprovechándote de los demás, la próxima vez no tendrás tanta suerte.
—Sí—respondió Luis aliviado. A pesar del dolor en su brazo, se puso de pie.
—Presidente González, si no necesi