—No, no estoy de acuerdo —dijo Lucía—. Abuelo, sacrificar a tantas personas y renunciar a la herencia centenaria de nuestra familia Castro solo por mí es un precio demasiado alto. Incluso si me voy de Ciudad Baja y sobrevivo, mi conciencia nunca estará tranquila.
El señor Castro intentó persuadir a Lucía nuevamente, pero ella lo interrumpió antes de que pudiera hablar más.
—Abuelo, por favor, no sigas —dijo Lucía—. Mi decisión está tomada, incluso si eso significa morir, no abandonaré Ciudad Baj