La sangre fluía a borbotones, y el color de los pantalones grises de Jorge se iba oscureciendo poco a poco.
—Jorge,Jorge
Su voz se volvió más aguda mientras corría hacia él.
El rostro de Jorge se tornó más pálido y su frente estaba cubierta de sudor.
El deseo en su cuerpo lo hacía arder, pero el dolor intenso lo enfriaba.
El contraste de calor y frío empapaba su cuerpo de sudor.
—¿Qué estás haciendo?
—Amanda,me subestimaste demasiado.
Jorge liberó una mano y le sujetó la barbilla:
—Te advierto p