Amanda intentó soltarse, pero Jorge la apretó con tanta fuerza que hasta le dolían las costillas.
—Me lastimas…
No pudo evitar quejarse en voz baja. Jorge la soltó inmediatamente, mirándola con preocupación.
—Yo… no fue intencional. ¿Te lastimé de verdad? La próxima vez tendré más cuidado, extrañaba mucho abrazarte…
Parecía un niño regañado, completamente desorientado y casi haciendo pucheros.
—No pasa nada, ya vuelve a la cama.
Jorge obedeció y se recostó en la cama sin protestar.
—¿Tienes hamb